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TEXTOS GANADORES DEL CONCURSO LITERARIO DE MICRORRELATOS

1º ESO

LA NOCHE  de  LUCÍA SALAZAR FRANZÓN, 1º A

Yo estaba en el suelo, inconsciente. Todavía me sigo preguntado por qué. A lo lejos veo las luces de un coche, creo que vienen a por mí, pero no lo sé. Quizás solo sea alguien que pasa por aquí, por si acaso le pediré ayuda. Cuando el coche se ha acercado, ha bajado la ventanilla y me sonaba mucho la cara pero no sé de qué. Le he dicho que necesitaba ayuda y cuando ha empezado a hablar de repente he sabido de qué conocía a aquel hombre, que me estaba mirando con una mirada tensa y a la vez deseosa. He empezado a correr como si no hubiese un mañana.

                                                           

 

2º ESO

DE TAL IDEA, TAL BOMBILLA  de  ALBERTO REYES VILA, 2º B 

 

La cegadora luz que desprendía aquel objeto indescriptible para cualquiera, hacía imposible distinguir al chico junto a sus desesperadas pisadas. Sin saber de lo que estaba huyendo, sabía perfectamente que aquella cosa, jamás vista por nadie, podría causarle pánico a cualquiera. Sin embargo, se le hacía imposible pensar en lo terrorífico de aquello debido a la sensación de agotamiento y cansancio que se hacía notar cada vez más en su cuerpo por cada pisada. Pasados unos minutos, aquel chisme se encontraba a escasos centímetros del chico y este, ahora sí atemorizado, cerró sus ojos y…

Ahí seguía él, sentado en su pupitre con aspecto adormilado y con la cabeza apoyada sobre la mesa atendiendo las aburridas explicaciones de su profesor de lengua. Este hablaba sobre algo de una pequeña historia que debía hacer relacionándola con una imagen, y no sé por qué, pero de algo le sonaba a nuestro creativo protagonista. Por lo visto, a algunos se les vienen las ideas, como moscas a una bombilla.

                                                               

 

 3º ESO

SIN SALIDA  de  PAOLA GÓMEZ MUÑOZ, 3º C

 

Esa noche despertó desorientado y dolorido. No recordaba lo sucedido. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz vio una figura que no llegaba a reconocer. Su mirada solo se pudo centrar en sus manos grandes y sangrientas. Intento gritar con todas sus fuerzas, pero para su horror, sus labios estaban cosidos y sus manos y pies atados a una silla. Sin saber cómo, y posiblemente a una subida de adrenalina, su instinto de supervivencia le hizo levantarse y golpear a su secuestrador. Corrió lo más que pudo atravesando cuartos y puertas que desconocía. Pronto pudo acariciar el aire fresco de la noche. Sin poder gritar y solo correr, llegó a una carretera oscura después de una hora atravesando el frío y oscuro bosque. Sus ojos quedaron cegados con las luces de un coche que se aproximaba; agitando las manos, el coche paró delante suya. Al sentarse en el asiento delantero el click de los pestillos le hizo girar la cabeza viendo nuevamente esa figura peculiar que lo horrorizó hace solo unas horas.

 

 

 

4º ESO

EL ÚLTIMO ALIENTO  de  MYRIAM FERNÁNDEZ VIEYTES, 4º A

Pies  cansados,  calambres  en  las  rodillas,  garganta  seca,  labios  agrietados.  Ya  no sé  cuánto  tiempo  llevo  andando  por  este  camino  lúgubre,  hace  días  que  perdí  la orientación.  Sinceramente  tampoco    por qué  me  escapé,  aunque  en  verdad miento.  Las  cosas  ya  no  eran  lo  mismo  que  antes,  todo  se  había  vuelto  más difícil,  más  negro.  Necesitaba  fugarme,  desaparecer  y  volver  a  encontrarme, luchar  contra  esta  sociedad  que  había  hecho  de  nosotros  seres  inhumanos.  O quizás  era  una  excusa  para  ver  si  ella  me  quería  como  decía.  Me  cuesta entender  que  no  esté  aquí,  cuando  siempre  me  llenó  la  cabeza  de  planes  de huida  y  hacer  una  nueva  vida  juntos  aislados  de  todo  lo  malo,  porque desgraciadamente,  o  por  suerte,  solo  nos  teníamos  el  uno  al  otro.  Pensando  en ella  el  cielo  estrellado  se  me  venía  encima,  el  aliento  se  me  cortó  y  en  un segundo  de  silencio,  caí.  Con  las  rodillas  y  las  manos  en  el  suelo,  al  final  del camino  contemplé  una  luz  centelleante.  Me  prometió  que  me  acompañaría  al  fin del  mundo  y  allí  estaba  ella.

 

  

 

       1º BACHILLERATO

 FRÍO LUNES Y BOTELLAS  de  JOSÉ GARCÍA GARCÍA 1º HCSA

José salía, como de costumbre, en su bicicleta a la que llamaba “Cabrita”. Estaba obsesionado con la protección del medio ambiente, no solo iba a trabajar en bici, sino que también organizaba rutas con los compañeros de trabajo por los montes de Ansó. Este pequeño pueblo, al que había ido a parar José, no superaba los 500 habitantes; pero, sin duda, su belleza lo atrapó. Rodeado por los Pirineos, en esta época del año, José tenía que ir muy abrigado o, si no, él, su bici y su sentimiento ecologista se perdería en las comunes tormentas de nieve. Volvamos a aquella noche, cuando José volvía del trabajo, pedaleando lentamente, pues no quería resbalar con la escarcha. Fue entonces cuando divisó destellos que provenían de un coche que estaba fuera de la carretera. José bajó de su bici y se quedó inmóvil. Dos individuos sobresalían del parabrisas totalmente desollados. Cuando se acercó y miró dentro del vehículo destrozado, descubrió la causa principal de aquel accidente. Aquella pareja había consumido grandes cantidades de alcohol. Chocaron contra un roble que José siempre mirará con tristeza al volver del trabajo.

 

                                                           

 2º BACHILLERATO

VUELVE A MÍ   de  LUCÍA ALONSO RAMÍREZ 2º HCSA

En una senda luctuosa, fluyo yo en solitario, donde el silencio va inundando mis pulmones; y la vejez, mis venas raídas.

A veces, en mi delirio, te imagino volviendo a mi lado, caminando al ritmo de la música muda: los sueños que nunca escuché, aquellos que una vez fueron míos y por descuido, como a ti, los olvidé.

No, no te olvidé, me reitero en mi cordura. Cómo podría olvidar a quien, vaciándose de ella, me dio a mí agua suficiente para regar mis semillas sin esperar, de inmediato, una naranja gorda y jugosa. En mi sano juicio, mi alma vela por tu partida.

Y con este conflicto interno, vago yo por este tétrico camino, intentando no ahogarme sin morir de sed, intentando llevarte hasta que me corrompa la vejez, sabiendo de sobra que ando perdida, si tú, pícara niñez mía, no vienes conmigo.

 

 

CICLO FORMATIVO

LA VOZ DE UNA AMENAZA   de  REMEDIOS GUTIÉRREZ CORTÉS. 1º LCB-A

Se separó de su manada junto al primer estruendo.

En aquella noche cerrada, el bosque había sido despertado. Su voz apenas acallada por el crujir de la hojarasca bajo sus patas. El aliento cálido entrelazado junto al aroma de hojas secas, saboreaba la humedad en la punta de la lengua, pero había algo más.

No pertenecía al bosque.

Primero fueron los pájaros, el dulce arrullo de sus sueños quedó roto con el rápido aleteo de cientos de alas. Los seres pequeños gruñeron desde sus escondrijos, sus pelajes erizados. Los venados se dispersaron con los primeros chasquidos de ramas rotas, sus balidos extendiéndose como una alarma.

Y cuando el bosque calló, un nuevo estruendo, y tras el frágil silencio, el aullido lastimero de su compañero.

No pudo ir a socorrerle, a él también lo encontraron. La luz blanca lo cegó, arrancándole un gimoteo. La criatura metálica rugía con aquellos ojos encendidos, y su dueño descabalgó de ella. Algo en sus manos estalló, el golpeteo previo al estruendo.

Y huyó antes de que todo volviera a comenzar.

 

  

 

FAMILIA

SI DICES VEN  de  MANUELA DE HOMBRE AYALA (Madre de Irene Hernández de Hombre)

Todo lo que va bien encaminado, rueda solo, sin forzarlo encuentra su meta. Así llegamos nosotros dos aquí. Caminando por una senda oscura en mitad de la noche junto al resto de la excursión con la que emprendimos esta aventura ártica, tan lejos de nuestra historia tóxica. Tanto como hemos podido en la distancia y en el tiempo. Treinta años ya. Pero la necesidad de curarnos el alma enquistada nos volvió a unir.

Llegados al paraje del bosque donde el grupo se asentó, acurrucados con mantas y termos calentitos con los que veníamos pertrechados. Nos centramos en la luz clara y nítida que anunciaba el sublime espectáculo con el íbamos ser obsequiados. Redimidos y ligeros observábamos alternarse luces y colores. Él parecía flotar en éxtasis. Me apreté fuertemente a su pecho, cobijados por la manta. Con ojillos llorosos y tiernos, me dijo. “Nos estamos haciendo viejos”. Lejos veía yo las arrugas del espejo y los achaques de la edad. Con la mirada más inmensamente tierna que lo miré jamás, contesté. “Y qué importa”.

 

  

PROFESORADO

NUESTRA VIDA EN UN VIAJE  de LUIS DE BERNARDI LINARES, Profesor

El camino está mereciendo la pena compartirlo.

Nos conocimos en aquel cruce. Es lo que tiene un cruce, un lugar de encuentro entre caminantes. La intersección donde el azar dispone el orden en el que las personas deben encontrarse. Un espacio donde podemos decidir cambiar el rumbo y con quién recorrerlo.

Está  anocheciendo sigilosamente. El crepúsculo va matizando los colores paulatinamente hasta sustituirlos por tonalidades violetas y penumbras misteriosas que no consigo adivinar qué ocultan y me interrogan. Mis ojos, que durante el día se han disputado alborotados los soleados y coloridos paisajes que atravesamos, aceptan ahora resignados depender de la ayuda de los focos que alumbran cautelosos el camino por recorrer.

Ahora  que se ausenta, tomo conciencia del valor de la claridad.

Subo lo que quedaba por subir del cristal de mi ventana. La brisa ya no me despeina y el silencio se instala en el habitáculo como uno más de nosotros.

La vuelvo a tomar de la mano. Toda nuestra intimidad, pasión y compromiso, queda encarnada en la suave caricia de la yema de su dedo sobre la arrugada piel de mi mano.

Sonreímos.

Todo tiene sentido ahora.

  

TEXTOS FINALISTAS

 

MI VÍA  de   MARÍA SANTOS ROMERO, 4º C

      Pensé que, tras pasar interminables años recorriendo al borde de esta carretera, sabía todo lo que hay que saber de ella. Me equivoqué. Creí que no existía ni un solo rincón que no hubiera explorado una y mil veces; que no habría nada que escapase a mi control. Y por ello, me sentía ama y señora de todo lo que hubiese entre estos guardarraíles. De hecho, la oscuridad era mía, la eterna soledad…

Incluso el fuerte viento y la humedad eran mías también. El frío era frío no porque siempre hubiese mal tiempo, sino aquello que dejaba la helada estela de mis pasos. Y es que los fantasmas somos de condición arisca y terriblemente celosos de nuestra causa y secreto encierro. Ahora, sentarme en medio de mi vía y que nadie me vea me duele un poco más. Poco después apareció una luz dejándome perpleja ante la situación pensaba que ya no iba a estar más tiempo sola y así fue, tan preciosa que me absorbió en sus adentros llevándome a un paraíso con personas como yo.

 

CUESTA...   de    ISMAEL CASTRO RODRÍGUEZ, Profesor

 Y no quedó nada, solo el atisbo de una esperanza, de un futuro... el recuerdo de un presente perpetuo donde la oscuridad abraza con la furia del pasado. La eternidad duró un instante preciso, tan preciso, que sin principio ni final dejó tras de sí todo aquello que fui –si alguna vez llegué a serlo–; ese momento silente y luminoso capaz de parar el tiempo, apareciendo una felicidad que te embriaga para ser desapercibida y retornar en su ausencia... tornando en recuerdo vivo.

A veces, solo a veces, me empeño en destruir lo hermoso que nos queda y quedo imperturbable buscando un nuevo comienzo, un seguir sintiendo. No sé dónde estoy, sé a dónde no he de caminar, no quiero que me vean... no esta noche... volverá un nuevo amanecer y amoldaré una nueva máscara a mi vida, intentando no ser nadie, intentando un trasiego pausado.